25.2.11

La Lucha Libre

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Mi primer contacto con "las luchas" fue como el de todos los chiquillos de mi generación, por la tele. Y luego de que las prohibieran por la tele, pues por el cine. Dejaron de pasar por la televisión porque, según cuenta el rumor y casi leyenda urbana, un niño se mató haciendo un lance en casa tratando de imitar a los "amos del pancracio".




Por cierto, esta retórica épica de las luchas que alude a los luchadores como si fueran dioses o semidioses se le debe a El Mago Septién. Aún hay algunas películas de El Santo donde podemos disfrutar de su culta crónica. Aquí El Mago narrando una lucha en El Hijo de Huracán Ramírez.
Les recomiendo éste blog.

Mi héroe de infancia, desde luego 'El Santo, el enmascarado de plata'. Una vez 'El Santo' dió una exhibición para pubicitar un fraccionamiento llamado Ojo de Agua, por allá por los rumbos de Ecatepec o algo así. Me llevó mi padre y el lugar estaba abarrotado. Logré ver a mi ídolo gracias a que mi padre me llevaba sobre sus hombros, "de a caballito". Cuando 'El Santo' terminó su exhibición caminó entre la multitud abriendose paso entre los fanáticos que lo saludaban y querían tocarlo y saludarlo... y de pronto, 'El Santo' me miró, y me dió unas palmaditas en el cachete. No recuerdo nada más. Creo que estuve en extasis por un buen rato, y a juzgar por la cara de felicidad que pone mi viejo cuando se acuerda del momento, yo debí haberme sentido más que realizado a mis cinco años.

El Santo Ídolo de mi infancia


Aunque luego, ya mis héroes fueron otros
Blue Demon, por ejemplo...


Blue Demon empezó a ser mi héroe a partir de haber leído una biografía que editara Editorial Clío. Blue Demon fue un verdadero caballero, chapado a la antigua: si no han leído esa bio, léanla: recomandabilísima.


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En 1974 mi familia se mudó a Ciudad Neza. La iglesia del rumbo en ese entonces era una capillita con láminas de asbesto consagrada a La Vírgen de Guadalupe, y terminó llamándose La Lupita porque así le decía toda la gente. La Lupita, como todas las edificaciones fundadoras de Ciudad Neza en épocas de lluvia terminaba rodeada por una laguna y era necesario acceder a ella a través de puentes improvisados hechos de tablones, piedras y tabiques. La Lupita contaba con un dispensario médico que daba consultas gratis antes de que se edificaran las primeras clínicas del IMSS. Tanto el dispensario como la capilla se sostenían con las limosnas y los donativos del vecindario. Pero hubo un día en que la Lupita recibió un buen empujón, y pasó a ser de capilla a iglesia: un padre comenzó a construir la iglesia que imita en su forma a la Basílica de Guadalupe, pero los donativos dejaron de fluir, el padre fue cambiado de iglesia y la obra se detuvo hasta que llegó un nuevo cura que le dió un buen empujón y terminó la obra: el artífice de este "cúlmine" fue un padre jesuíta catalán: el Padre Aníbal. Lo de jesuíta catalán lo deduzco ahora ya adulto que conozco como operan los jesuítas con el pueblo llano y porque en el acento de los catalanes recuerdo al Padre Aníbal.

Lo primero que me gustaba del Padre Aníbal era su nombre: Aníbal, como el luchador. Lo segundo que me gustaba de Aníbal es que corría a las pinches ratas de iglesia que se la pasaban rezando y chismorreando. "¿Qué haces aquí, mujer? ¡Ya deja de rezar y vete a tu casa a atender a tu marido!". Es el único cura que recuerdo que vivió en el dispensario, no se veía que se clavara las limosnas y siempre estaba chambeando, incluso se le llegó a ver barriendo La Lupita en mangas de camisa. El Padre Aníbal tocaba el acordeón y cantaba. Era un tipazo el Padre Aníbal.

Ahora, volviendo al tema:
¿Con qué dinero logró el Padre Aníbal terminar La Lupita?

Organizando funciones de Lucha Libre.

En aquel tiempo mucha gente asistía a un gimnasio que se llama Azteca Budokan a entrenarse para luchador, y eventualmente el mismo Azteca Budokan organiza funciones de luchas los domingos. Los vecinos de La Lupita que entrenaban en ese establo se ofrecieron a dar las funciones de lucha libre en beneficio de La Lupita. Los albañiles de la obra construyeron el ring con tarimas para la cimbra, polines, tablones y mecate grueso. Alguien donó una lona raída, toda parchada, y vámonos... ¡a darse de costalazos todos los domingos!

Las Luchas de La Lupita se convirtieron en un ritual dominical ineludible. Mi madre nos daba morralla para que entre caída y caída aventáramos monedas al ring, y el sacristán recogía las "limosnas" en un bote. Aquello era de pocamadre. A meternos con los rudos, a mentarles la madre, a echarle porras al ídolo, y si se puede ayudale a ganar aventándole cosas al contrincante. No recuerdo que las cosas se hayan salido de control, salvo dos o tres ocasiones que los luchadores sí llegaban a calentarse y se empezaban a surtir de a de veras, las luchas siempre transurrieron en la normalidad de un teatro popular, bravero y catártico. El dispensario médico de La Lupita servía de vestidores y de hospital de primeros auxilios para los luchadores.

Uno de los ídolos, el mas popular era El Águila Dorada, un vato técnico de físico muy bien cuidado que gustaba mucho de los lances aéreos. No sé cómo se pondrían de acuerdo para los rollos de ver quién perdía las máscaras o las cabelleras, pero e chiste es que un día sucedió lo trágico: desde luego con marrullerías, el archienemigo de El Águila, aprovechandose de una madriza propinada al héroe con la venia de un referi alcahuete, le quitó la máscara sin importarle que lo descalificaran. La tragedia, y también la revelación... El Águila, nuestro ídolo trabajaba en una de las carnicerías del mercado. Sí, por un lado se rompió el encanto, eso es cierto: un mortal elevado a semidiós gracias a la identidad mítica que le proporcionaba la máscara, resultó ser un simple mortal: literalmente "un hijo de vecina". Pero pasado el shock se le perdonó al gladiador ser un simple carnicero. El Águila siguió luchando, pero sin máscara. Le pasó un poco como a 'Dos Caras', después de todo sin máscara tampoco era antipático.

Todos los días, saliendo de la primaria, con unos amigos pasabamos camino a casa atravesando el mercado. En la tortillería pedíamos una tortilla: qué eran tres tortilas para tres niños? Luego íbamos a la verdulería y pedíamos una hojita de pápalo, luego con el chicharronero y le taloneábamos unos cachitos de chicharrón. Al final con el taquero y le pedíamos salsa y salíamos con unos tacotes placeros bien surtidos... de puro talón! Durante esos días que El Águila recién había perdido la máscara, pasábamos a la carnicería y le gritábamos al carnicero: '¡Águila!'... y el carnicero nos saludaba o nos sonreía mientras despachaba los bisteces. Salíamos bien orgullosos con nuestros tacos: ¡No mames, me saludó El Águila! Con el tiempo volvió la cotidianeidad. Ya no era tan emocionante saludar a El Águila, y yo creo que también a él ya le estaba cagando que no lo dejáramos trabajar porque las últimas veces ya ni pelaba cuando le gritábamos: '¡Águila!'...

Al paso de un par de años se terminó de construir La Lupita. Para entonces ya el ring era de herrería y los costalazos ya se oían machín, no bofos como sobre las tarimas de cimbra. Tampoco había que suspender las luchas por los ventarrones que desataban verdaderas tormentas de arena... o bueno: sí, de vez en cuando... el chiste es que el atrio de La Lupita que alojaba al ring ya era de cemento y no de terracería. Se quisieron continuar las luchas, pero empezaron a hacerse las envidias. Terminada la obra, ya no había razón de aportar el dinero entre caída y caída, y antes de que comenzaran las suspicacias de que quién se queda con esa feria y qué se yo, el ring se desmanteló. No volvieron a haber luchas en La Lupita. El Padre Aníbal fue cambiado a otra iglesia. Y hoy todo aquello es recuerdo.
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Nunca he ido a las Luchas en la Arena Neza. Los que sí iban fueron mis hermanos con su padrino Joaquín, que gustaba de llenar la camioneta de escuincles los domingos y lanzarse a mentarle la madre a los rudos con toda la chamacada. En ese entonces ya las luchas no me interesaban, prefería ir a buscar libros viejos al tianguis dominical de San Juan.

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El tercer contacto con las luchas lo tuve en MTY, cuando estuve en el Studio F. Fuimos un par de veces a un estacionamiento ubicado en el Barrio Antiguo que se improvisaba como arena los fines de semana. Estaba chido porque además nos dejaban chelear. Al principio como que se sacaban de onda porque me levantaba a hacerla de pedo a los luchadores, pero ps de eso se trata, de formar parte del show. Las Luchas son teatro popular: el público también es un actor, y si el que está en el escenario no sabe domar al público, mal por él. Es como ir a la carpa y no intentar alburear al cómico o decirle guarradas a la bailarina... un día les contaré sobre el desaparecido Teatro Colonial, en Garibaldi.

En ese lugar, en el estacionamiento de MTY, conocí a 'Lola, La Sarapera', de Saltillo desde luego. Y a 'Diana, La Cazadora', que no estaba nada mal la canija: sí se antojaba echarse unas llaves con ella: "¡Aplícame el martinete, mamazota!"... una vez había unos transexuales en el público, y uno de ellos se la pasaba chingando al referi, de puto no lo bajaba. En una de esas el referi le dice: ¡Ya cállate, cabrón o bajo a agarrarte las chiches!... ¡pues órale!, le dice el puto y que se abre la camisa enseñando las chiches. No, pues el referi ya se iba bajando del ring cuando de pronto una de las luchadoras le surte un sillazo al cabrón. Todo el público: órale, pinche vieja: por qué le pegas?, y entonces la luchadora le grita al puto señalando al referi: ¡No mames, este buey es mi viejo!. Carcajada generalizada.

Nunca me agarré a putazos con un luchador, y no pienso hacerlo. Sí están pesados y como sea, sí entrenan: de un manazo sí me andan desgüilando, aunque sea de broma. De hecho, muchos de ellos tienen chambas de guaruras o golpeadores. O bueno, al menos eso he oído. Hay un café en la Colonia Juárez del que fuí asiduo por muchos años: el café de Gabi's. Allí iban a tomar café El Solar, el dueño de la tortería 'El Cuadrilátero', y el Coloso Colosetti, y de vez en cuando el Super Muñeco, y cuentan los chismes de café que el Colosetti era rompehuelgas cuando se armaron los chingadazos en la Tornell. En las Islas Marías había un vato que estaba por homicidio, mató a puñetazo limpio a un cabrón y entrenaba lucha libre, si bien no era luchador profesional. Escribió un cuento bien chingón donde un luchador llega a las Islas Marías y en el relato va intercalando escenas del homicidio. Le dije que me dejara adaptarlo a comic, pero el cabrón quería que le pagara derechos y no sé qué... nah, mejor me hice pendejo y preferí no volver a tocar el tema. No sé... la gente ve mi trabajo y piensa que me estoy haciendo rico... si supiera.

Ahí sí hay historias de luchadores que me gustaría contar.

¿Vieron The Wrestler?



Pues una así...
pero con luchadores en el contexto mexicano.
Relatos del lumpenaje.

Con Guillermo Del Toro me iba a aventar un comic: Plata, pero el proyecto se enfrió y la cosa quedó en el tintero. Alcancé a hacer un par de láminas y como el Memo no me escribía nada le hice un plot...

Lámina 1 de Plata.
Aquí la lámina 2, y el Homenaje a El Santo para Komikaze.

La historia se sitúa en el Centro Histórico, y como ahí hay dos edificios que se ma hacen interesantes, un Salón del SNTE al lado de la Plaza Santo Domingo, la misma plaza con todo y su Palacio de la Inquisición y el mismo SNTE, pues puse que el enemigo eran una secta de vampiros que quieren recuperar el culto a Huitzilopochtli. Adivinaron, la jefa del culto sería Elba Ester Gordillo que al beber sangre se convierte en un culo de escuincla. El encargado de desmadrar tal cosnpiración sería... Plata.

Quedaría de huevos que fuera El Santo, pero pues... tengo entendido que El Hijo del Santo es como los familiares de Pedro Infante: se ponen exhorbitantes a la hora de cobrar CopyRights, y también tengo entendido que así es como acabó enlatada Adiós, Adiós Ídolo Mío, de José Buil y para su segunda cinta se tuvo que conformar coninventar a El Ángel Dorado, para Leyenda de una Máscara.

Es lo malo cuando todo se quiere medir en varo y pierde uno piso.

Y ya que andamos cinéfilos. Les recomiendo el documental español
Tres Caídas



Formidable. Allí aparece Fray Tormenta, [1], [2], [3]que bien merece una muy buena biografía antes de que se muera. De su orfanato salieron Mísitco y El Sagrado.

Nunca fuí a las Luchas en la Arena Neza.
A veces me gustaría ir... pero me da hueva:
esas cosas ya las viví de chavo.
Pero llevaría a mis hijos, si los tuviera.

Por cierto, ya que mencioné niños:

El Cuadrilátero es una tortería que se haya en Luis Moya y su propietario es Super Astro. Se pone muy animado el día del niño, pies le caen los cuates de la CMLL con El Solar a tomarse fotos con el escuinclerío. Las tortas no son la gran chingadera, están bien, pero hasta ahí. La nota se la lleva la torta "Gladiador", que quien se coma una no la paga; pro de ahí en fuera... en realidad el encanto del sitio es que es un lugar de luchadores. Visítenlo el 30 de abril.

Y como nota cultural. Las luchas parece que son un fenómeno generalizado en América Latina. En Chile y parece que en todos los países andinos le llaman el Cachacascán, corrupción de 'Catch As You Can'. Como que fue una onda que estos protopromotores gringos que andaban de feria en feria con luchadores y boxeadores como atractivo de carpa. Sin embargo hay que reconocer aunque que el sincretismo adquirido en México es muy atractivo, sobre todo por la adopción y el culto a las máscaras, solamente superado en rareza por su variante boliviana.

Las luchas de Cholas en Bolivia



Enjoy!

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